Un espacio donde el recuerdo se hace consciente, donde el pasado, presente y futuro entran en conjunción y la estulticia es la amante de la razón.

miércoles, 18 de julio de 2012

De la alquimia de Calíope



“Hi furit flores qui inter tot carduos et tribulos absconduntur”

-        Atribución enmascarada a Isaac Holand por Mylius


La inspiración en la escritura es tan fugaz como engañosa: es insuflable desde cualquier emoción y su aleatoriedad es casi tan circunstancial e impredecible como la vida misma. Pasajero, como si Calíope viajara impulsada por el viento, suele brotar este sentimiento organizadamente caótico que si se abona con el suficiente tiempo, reflexión, papel y disciplina logra brotar en una fotografía de los pensamientos ¿O qué otra cosa son las palabras visibles? ¿Qué es la sintaxis sino fragmentos congelados de semántica que dinamizan los relatos tal como los trazos a las pinturas? Si se tiene suerte y talento, es posible esculpir con este material volátil y efímero, y se puede esbozar y transmutar la representación detrás del afecto.

A la larga, todo se trata de animar con lo estático: el artista y el escritor se escinden tan sólo por la técnica.

Puesta sobre la mesa mi noción de la génesis  emocional de un proceso denominado como cognitivo, procedo a lo anecdótico: estar de cara frente al papel esgrimiendo la espada de la razón como recurso para mitigar a aquellas bestias de las memorias, va agudizando la contemplación de aquellos productos escritos, hasta alcanzar cierto grado de predictibilidad de los mismos ante la conjunción de los determinados grados de sentimientos vs la destreza literaria del comunicador. Por fortuna las posibilidades son infinitas, por desgracia existe demasiada materia cuanto menos denominable como residual. Además ¿Soy yo el único que enfurece ante ese imaginario del vulgo que todo aquello que está publicado es necesariamente material de calidad o, incluso, veraz?

Pero bueno, supongo que no me he recordado lo suficiente que nadie nace aprendido, y los millares de torpes renglones que en su momento inundaron y gestaron mi actual cosmovisión de la existencia.
Así, en medio de la lectura de huracanados existencialismos, teofánico misticismo, incandescente drama, retrospectivo tecnicismo, inocentes fragmentos, púberes inconformidades, denuncias invisibles y sanas trivialidades he aprendido que la calidad con la que se contacta a la musa depende directamente del grado de emotividad, y de la imbricación de aquel mundo emocional al frio modus operandi del hemisferio izquierdo. Aun asi, y a pesar de que a veces el purismo emocional –que casi raya en la labilidad- da génesis a maravillas indiscutidas como las reflexiones de Rumi, un “Lenore” en Poe, o las selectas cartas de Van Gogh a Theo, en donde difícilmente se puede esquivar la carga visceral de sus autores, las verdaderas obras maestras se cuecen en la amalgama de los sentimientos y conceptos encontrados por oposición.

Por lo tanto, reto al lector a incursionar en la sátira negra del “elogio de la locura” de Erasmo, a impregnarse de la transfusión de sentimientos de “el retrato oval” de Poe, a desfallecer en el optimismo recriminante de “Cae el martillo” de Nietzche, a contagiarse del fatalismo propositivo de un “Warum Krieg” de Freud, a comparecer ante la sanidad demente “de Hamlet”, a hundirse en la miseria del héroe en “Edipo Rey” de Sófocles, y a mesmerizarse en  la tragedia de lo omnipotente retratada con tanta habilidad en “las metamorfosis” de Ovidio. Esto por mencionar algunas obras. La convivencia de los opuestos en el relato es una sobredosis de movilización psíquica, pues el único catalizador del conocimiento es la reflexión, y este ejercicio paradójico es su mejor caldo de cultivo.

Para finalizar, y respecto a los que han hecho suya la maestría de la elocuencia, mi última crítica se dirige a la vanagloria de la creatividad como un fenómeno emergido del yo. Esta creencia se ha convertido hoy en día en uno de esos fenómenos silentemente risibles para mí; creo ahora que sólo somos voceros de las fuerzas que superan a nuestra individualidad, pero que irónicamente nos dotan de identidad, de sentido y de ese carácter de unicidad que no es otra cosa que la acción de fuerzas que merodean ancestralmente nuestro inconsciente colectivo. Tal como en la física, somos una sumatoria de fuerzas. Y sí, me refiero a los arquetipos.

Se debe tener humildad para ser original, pues como su nombre lo dice, se trata de atender las voces del origen más allá de lo eminentemente presente.

Dejar venir, pensar y actuar; una clave para el que quiere escribir, un ejercicio para la coherencia.






domingo, 1 de julio de 2012

El Super-Yo cobra caro




"Disappointment is an endless wellspring of comedy inspiration."

- Martin Freeman

XXXX:

Ha pasado suficiente tiempo como para que pueda mirar atrás con contemplación serena el breve capítulo que escribiste en mi historia. Entiendo lo vanas y torpes que fueron tus razones para jugar con los sentimientos de una persona -sobre todo con los de un trascendental como yo-, ya que día a día tengo que lidiar con el dolor y sufrimiento ajeno que genera la inconsistencia entre la palabra, el pensamiento, el sentimiento y el acto; y  siempre supe que tú misma  te segarías una cosecha de arrepentimiento.

La virtud otorga el raro placer de sonreír de último.

Así pues, veo que tú idealismo no cambia, ya que si esperabas una mágica absolución como efecto de un simple “Perdoname” estás muy lejos de lograrla. De hecho, ya básicamente ni siquiera importa lo que yo sienta ni que obtengas algún tipo de redención o disculpa por mi parte; el verdadero núcleo del problema subyace en si vas a seguir hiriendo y cometiendo inconsistencias tan amargas como crueles y estúpidas. Es por tú vida, es por ti.

Por mi parte, mi posición frente a ti es eminentemente Nietzscheana: “Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, ya no podré creer en ti.” No suelo desdeñar actos perdón y contrición, ya que soy un fiel creyente de la propia transformación y la consciencia por el error, no obstante, tú acto deja mucho que desear.

Desconozco que acto te motivó a escribirme, ojalá por lo menos te despierte constantemente la empatía que sólo expresaste cuando te convenía.


Cambia por tú vida, cambia por ti.
Renuncio a mi deseo de venganza.
Justicia de la más pura, eso es lo único que te deseo.


Felipe Arango Campuzano .’.