“Hi furit flores qui inter tot carduos et tribulos absconduntur”
-
Atribución
enmascarada a Isaac Holand por Mylius
La inspiración en la escritura es tan fugaz como engañosa:
es insuflable desde cualquier emoción y su aleatoriedad es casi tan
circunstancial e impredecible como la vida misma. Pasajero, como si Calíope
viajara impulsada por el viento, suele brotar este sentimiento organizadamente
caótico que si se abona con el suficiente tiempo, reflexión, papel y disciplina
logra brotar en una fotografía de los pensamientos ¿O qué otra cosa son las
palabras visibles? ¿Qué es la sintaxis sino fragmentos congelados de semántica
que dinamizan los relatos tal como los trazos a las pinturas? Si se tiene
suerte y talento, es posible esculpir con este material volátil y efímero, y se
puede esbozar y transmutar la representación detrás del afecto.
A la larga, todo se trata de animar con lo estático: el
artista y el escritor se escinden tan sólo por la técnica.
Puesta sobre la mesa mi noción de la génesis emocional de un proceso denominado como
cognitivo, procedo a lo anecdótico: estar de cara frente al papel esgrimiendo
la espada de la razón como recurso para mitigar a aquellas bestias de las
memorias, va agudizando la contemplación de aquellos productos escritos, hasta
alcanzar cierto grado de predictibilidad de los mismos ante la conjunción de
los determinados grados de sentimientos vs la destreza literaria del
comunicador. Por fortuna las posibilidades son infinitas, por desgracia existe
demasiada materia cuanto menos denominable como residual. Además ¿Soy yo el
único que enfurece ante ese imaginario del vulgo que todo aquello que está
publicado es necesariamente material de calidad o, incluso, veraz?
Pero bueno, supongo que no me he recordado lo suficiente que
nadie nace aprendido, y los millares de torpes renglones que en su momento
inundaron y gestaron mi actual cosmovisión de la existencia.
Así, en medio de la lectura de huracanados existencialismos,
teofánico misticismo, incandescente drama, retrospectivo tecnicismo, inocentes
fragmentos, púberes inconformidades, denuncias invisibles y sanas trivialidades
he aprendido que la calidad con la que se contacta a la musa depende directamente
del grado de emotividad, y de la imbricación de aquel mundo emocional al frio
modus operandi del hemisferio izquierdo. Aun asi, y a pesar de que a veces el
purismo emocional –que casi raya en la labilidad- da génesis a maravillas
indiscutidas como las reflexiones de Rumi, un “Lenore” en Poe, o las selectas
cartas de Van Gogh a Theo, en donde difícilmente se puede esquivar la carga
visceral de sus autores, las verdaderas obras maestras se cuecen en la amalgama
de los sentimientos y conceptos encontrados por oposición.
Por lo tanto, reto al lector a incursionar en la sátira
negra del “elogio de la locura” de Erasmo, a impregnarse de la transfusión de
sentimientos de “el retrato oval” de Poe, a desfallecer en el optimismo
recriminante de “Cae el martillo” de Nietzche, a contagiarse del fatalismo
propositivo de un “Warum Krieg” de Freud, a comparecer ante la sanidad demente
“de Hamlet”, a hundirse en la miseria del héroe en “Edipo Rey” de Sófocles, y a
mesmerizarse en la tragedia de lo
omnipotente retratada con tanta habilidad en “las metamorfosis” de Ovidio. Esto
por mencionar algunas obras. La convivencia de los opuestos en el relato es una
sobredosis de movilización psíquica, pues el único catalizador del conocimiento
es la reflexión, y este ejercicio paradójico es su mejor caldo de cultivo.
Para finalizar, y respecto a los que han hecho suya la maestría
de la elocuencia, mi última crítica se dirige a la vanagloria de la creatividad
como un fenómeno emergido del yo. Esta creencia se ha convertido hoy en día en
uno de esos fenómenos silentemente risibles para mí; creo ahora que sólo somos
voceros de las fuerzas que superan a nuestra individualidad, pero que irónicamente
nos dotan de identidad, de sentido y de ese carácter de unicidad que no es otra
cosa que la acción de fuerzas que merodean ancestralmente nuestro inconsciente
colectivo. Tal como en la física, somos una sumatoria de fuerzas. Y sí, me
refiero a los arquetipos.
Se debe tener humildad para ser original, pues como su
nombre lo dice, se trata de atender las voces del origen más allá de lo
eminentemente presente.
Dejar venir, pensar y actuar; una clave para el que quiere
escribir, un ejercicio para la coherencia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario