viernes, 27 de agosto de 2010
Lo que me desarma y lo que me inspira
- Khalil Gibran
Imagenes ... imagenes me llegan a la mente y su difuminación es como una semilla que se rompe y germina en la consciencia: sentimientos y pensamientos son su producto, pero no necesariamente en ese orden.
Los niños y niñas han sido siempre para mi la epitomización de la espiritualidad, no por su inocencia que puede ser interpetadad como ingenuidad, sino por su receptividad y auténtico decondicionamiento. No existe una mirada más pura ni una expresión más verdadera; para adentro y para afuera son lo que son.
¿No es ese el cielo del que hablaba el judio Jesús?
Los niños y niñas hacen lo espiritual terrenal y a diferencia del maestro que se recluye años para generar tal estado, ellos pueden compartirlo expontáneamente.
Siempre creeré que el mejor indicador de la armonía en una sociedad subyace en el estado mental de su infancia. Cuando las razones para vivir merman en el mundo interno, esas criaturas siempre serán un torrente infinito de sentido.
Este mundo ya tiene demasiadas razones para querer abandonarlo.
Por eso se necesitan más niños y ancianos y menos adolescentes y adultos. En el comienzo y en el final es cuando brota la consciencia, y el desespero animal no se reviste en la hipocresia de los cánones aprendidos,y en la perversidad de las lecciones que no tienen ese destino.
Esta entrada se inspira en una anecdota muy reciente:
Es la segunda ocasión que me pasa (después postearé la primera)... Esta vez estaba en el mediterraneo sintiendo la tierra de Plutón en mis pies, el mar de Neptuno en todo mi cuerpo y la gloria de Jupiter en mi contemplación; de repente, en medio de mi seriedad sentí una mirada y me apresuré a conrontarla con ese aire de depredador atento pero tranquilo que suelo tener.
El destello de esos ojos era brillante, ancestral y estaba enmarcado en dos pequeños, almendrados y vivaces soles color miel que me observaban sin miedo alguno. De hecho, contemplaban más bien atraidos, curiosos, y me daban la bienvenida.
En un milisegundo, esos astros, que se encontraban en una hermosísima cara que me dedicó una mesmerizante sonrisa, resplandecieron con más fuerza. En ese momento me sentí tan vislumbrado que creí no ser el merecedor de tan radiante expresión y me volví para ver si su madre, hermano, familiar, amigo o conocido la estaba llamando.
Sin embargo, estabamos solo ella y yo en la linea de visión, y me imaginé la raya infinita que conecta a Alpha y Omega. Ella, con el alma en esplendor despues de su eclosión, y yo, como un viejo cansado y martir, más procupado por mirar atrás anhelando lo que no llega, como si fuera a encontrarlo en algún viejo cajón de lo pretérito.
Así pues, una vez corroboré que ese ángel mantenía la mirada en mi, que se agudizaba su intención de llamar mi atención y que su sonrisa crecía, sucedió lo inevitable:
Mis defensas se quebrantaron y disolvieron,
Un calor invadió mi pecho,
Mi cognición dejó de asesinarme,
Pude hallar algo de valía en mi,
Respiré.
Y al respirar, sonreí y ella se percató de ello.
Tras esta experiencia, intuyo que un sentimiento de "misión cumplida" la hizo dedicarme una expresión de alegría por última vez, para luego retornar a donde los otros niños batiendo sus pequeños y hermosos brazos y piernas dentro del agua.
Cierta persona dijo alguna vez "cuando llames a los ángeles y a los demonios no te sorprendas si aparecen como seres humanos" ... ¿ y qué mejor encarnación que la de una pequeña niña de vestido de baño enterizo rosado y un flotador en su cintura para representar a toda la divinidad?
Aunque aborrezco muchas de las sopresas del destino, debo reconocer que disfruto muchísimo de otras ... y sobre todo, valoro cuando el universo me muestra que todavía me puede sorprender y maravillar.
Sólo lo que nos despoja del miedo y de una construcción fictia de nosotros mismos, nos libera ... y allí, sólo allí emana la inspiración.
Dios, como necesito tener mis propios hijos.
martes, 17 de agosto de 2010
Los caminos de la vida
“Para la mayoría de nosotros la verdadera vida es la vida que no llevamos.”
- Oscar Wilde
Un sabio amigo hizo alguna vez una hermosa metáfora acerca de cómo la vida es un flujo que se desplaza de acuerdo a nuestras decisiones, condiciones y propia naturaleza. En el curso vital ciertos sucesos van encaminando este despliegue por los distintos senderos que a la larga determinan lo que somos y, como una pintura, dejan memoria y el legado de un camino recorrido.
Somos arboles que despliegan muchas ramas, muchas variables, muchas posibilidades. Y nuestro temprano y constante encaminamiento determinan nuestra esencia. (Aunque no disfruto la idea platónica de un esencialismo inmutable, un arquetipo siempre nos termina guiando)
Es por ello que una vez nos aventuramos en una condición positiva o negativa es cada vez más difícil salir de ella, porque irremediablemente se va convirtiendo en parte de nuestra naturaleza, la rama se engruesa, el sendero se profundiza.
Traigo un ejemplo a colación: Luis X “el turbulento” de Francia fue un rey que fue criado torpemente; se le otorgaron indulgencias que no merecía y poco aprendió del verdadero arte de gobernar. No obstante, lo más destacable es que desde pequeño fue cruel, y esto le fue permitido. De este modo, sus decisiones le merecieron su apodo tras adolecer de toda bondad y exaltar su egoísmo durante no solo su reinado, sino toda su vida.
Como es inferible, fue envenenado por su misma corte con una almendra garrapiñada repleta de tóxico.
Lo realmente curioso de esta historia, es que después de casarse con Clemencia de Hungria, una reina profundamente religiosa y compasiva, él buscó transformar su propia naturaleza a la de un santo para impresionarla, pero, parafraseando al maestro Druon “no podía obrar con verdadera bondad, así ostentara toda la caridad del mundo”. Así pues, su alma se disfrazaba con las reliquias religiosas de aquel tiempo y se vanagloriaba en el antifaz de la limosna, pero su benevolencia era una gran mentira al no ser vivida interiormente.
El punto es contundente: Cuando sucesos van moldeando nuestra psique, eventualmente no hay marcha atrás, o bueno, tal vez la haya, pero cada vez será más dolorosa su posibilidad de cambio y exigirá una condición más radical, un sacrificio más demandante, un hachazo más profundo para cercenar una rama del árbol.
Escribo este post como una defensa al miedo… ya que un profundo terror existencial me acecha. Cada vez creo menos en la fuerza del vínculo entre una pareja, y por el contrario, estoy empezando a ver ese tipo de uniones en términos de conveniencia. Pero por otro lado, a veces me posee un sentimiento de incompletud, y siento que puedo perder la cabeza por cualquier mujer. Estoy en un dualismo entre el amor épico y el desdeño profundo por el sacrificio que exige la confianza.
Amar desde el instinto es fácil, pero amar desde el yo es otra cosa. De hecho, en esta sociedad es sorprendente encontrar a alguien con un esbozo de Yo.
Tengo miedo que como Kierkegaard anhele toda mi vida una pareja y cuando la encuentre ya no la desee, o peor aún, la ame pero no pueda convivir con ella porque me encaminé demasiado tiempo en la soledad y mi enraizamiento en lo profundo de la tierra no me permita ver el sol de nuevo.
En el otro extremo, me llena de pavor vivir como Van Gogh creyendo en el amor y las pasiones como las velas del barco personal, para percatarme luego que la humanidad es un asco y perder la razón como él cuando su alma cansada de luchar se fracturó.
A veces siento que no vale la pena esperar una recompensa, si ya el daño realizado al alma es más fuerte que su beneficio.
La benevolencia y el afecto pueden transformar la más terrible de las bestias en un ser compasivo.
A la voluntad del universo me entrego.
jueves, 5 de agosto de 2010
De caballeros, reyes y cardenales.
"Si me das seis lineas escritas por la mano del más honesto de los hombres, encontraré algo en ellas que lo llevará a la horca"
- Cardenal Richelieu
Siempre me he deleitado en la novela histórica; nada más apasionante que enredarse en un buena historia a la vez que se aprende y conmemora el pasado. Particularmente, la edad media es una maravilla a este respecto, porque gracias al horrendo oscurantismo en el que nos precipitó nuestra bien amada iglesia católica durante 400 años se hace evidente la doble moral humana y el innegable correlato de su crecimiento en función del poder.
En otras palabras, entre más dinero se tenía más se podía trasgredir la moral. Aunque resulta sorprendente la similitud con la actualidad (y probablemente con el futuro) ¿cierto?
Debo confesar que le tengo un interes agridulce a las contradicciones humanas, las cuales me atraen en términos de curiosidad a la vez que me generan un nauseabundo repudio.
Asi pues, en estos dias he fantaseado al respecto. ¿Qué tal que la teoría de la metempsicosis fuera cierta y yo pudiera reencarnar en alguien del pasado? ¿Qué me gustaría ser?¿Qué personaje o rol me gustaría vivenciar?
Desde una posición eminentemente pragmática llegué a varias conclusiones:
- Descarto la idea de ser mujer. No solo por el machismo y una vida resignada, sino porque la gran cantidad de intrigas que se cuecen en las cortes reales son el artificio del género femenino, y aunque sea dificil de creer ese escenario es más tenebroso y despiadado que cualquier campo de batalla.
-Paso también de ser un campesino o esclavo rindiendo tributo a reyes arbitrarios o criando los hijos de un cabron landlord, asumiendo el trauma psicológico de mi esposa por una violación legítima denominada "prima noite" .
- Rechazo la idea de ser artista cuando mi creatividad sería cercenada por la "santa inquisición".
Tras mi descarte, contemplé entonces opciones atractivas ... Desgraciadamente, todas orbitan alrededor de una corte real.
Pensé primero en ser caballero ... ¡ahhh que hermosa idea! solo imaginense una armadura completa, una espada bien forjada y un fino corcel acorazado. Visuliazen también los gritos de guerra, la adrenalina y los pasos furiosos del caballo levantando el barro mientras el blandir de la espada se hundía en los craneos de los enemigos del mismo modo que en las leyendas Artúricas.
Traten de visualizar una recepción tras una batalla victoriosa: petalos cayendo en alabanza y filas de doncellas amarrando sus listones en las puntas de las lanzas de los gloriosos guerreros. Pero lo más hermoso de todo es que la caballería era un estilo de vida y una perspectiva moral enmarcada en el honor.
Si señores, ser un caballero es una opción tremenda si se descartan las guerras de egos, las horribles heridas de batalla, el riesgo de muerte, la doble moral del código y que muchos fueron asesinados con veneno o mediante la horca por conveniencias político-económicas.
Luego pensé, ¿cómo ser un caballero y estar salvaguardado de toda la maldita arbitrariedad humana de las cortes? Pensé en ser noble pero seguía habiendo riesgos de asesinato por tributos y tierras. Entonces llegó la solución que aparentemente lo resolvía todo: QUIERO SER REY !!!
Ahhh que maravilla! salir en los libros de historia, ejercer la voluntad a diestra y siniestra, estar por encima de todos, fornicar con todas las mujeres de la corte sin represalias, tener un séquito inmenso que vive y respira expresamente para servirme a cambio de que solo tenga que tomar decisiones mientras todos los demás se parten el lomo trabajando para ello. La mejor parte es que si realizaban mal sus tareas, caía todo el peso, culpa y abucheos sobre los consejeros mientras que si las empresas eran exitosas toda la gloría era para su regente ! QUE VIVA EL REY !
Confieso que fantasié durante varias horas acerca de lo que hubiera hecho como rey en diferentes contextos, pero sobre todo en la época de Felipe IV de Francia, uno de los últimos capetos (Además, ya tengo el nombre de rey). Y cuando todo me deleitaba al máximo de repente una epifanía me dió una bofetada, por lo que pronto abandoné mi idea de ser el supremo regente del reinado.
En mi mente brilló entonces la más fabulosa idea: SER UN CARDENAL, un principe de la iglesia católica.
pero ¿por qué? se preguntarán algunos. La respuesta es bastante sencilla. Sólo algo estaba por encima del Rey y era Dios ... y para bien o para mal, el cardenal estaba más cerca al altisimo que nadie.
Además:
- Fornicaban cuanto querían con las mujeres que querian.
- Bebian todo lo que querian y comian lo mejor.
- Eran los poderes detras del trono.
- Tenian acceso a todo el saber filosófico y científico de la época sin censura.
- Podian practicar la alquimía.
- Sus posesiones no tenian nada que envidiarle a ningún otro noble de la corte.
- Tenian potestad sobre la vida y la muerte.
- El rey podia ser envenenado o asesinado por cuestiones de sucesión, nadie se atrevería a hacerle eso a un cardenal por miedo de las dolorosas llamas del infierno
- Si la cosa se ponía fea tenian el vaticano como defensa.
- En cualquier reino, asi estuvieran en guerra, debian ser acogidos lujosamente.
- Se podian cometer todos los crimenes del planeta y ¿quien iba a sospechar a o condenar a un cardenal?
- Usualmente eran muy queridos y respetados por el pueblo, cosa que no siempre sucedia con los reyes.
Pero lo mejor de todo, damas y caballeros, es que siendo cardenal iría en primera clase al cielo !!!
SI SEÑORES , NADA DE REALEZA, HUBIERA QUERIDO SER UN CARDENAL !!!