Un espacio donde el recuerdo se hace consciente, donde el pasado, presente y futuro entran en conjunción y la estulticia es la amante de la razón.

martes, 8 de marzo de 2011

La señal de Fuego de Nietzsche

Aquí donde la isla creció entre mares,
un peñón de ofrendas bruscamente erigido,
aquí bajo negro cielo se enciende
Zaratustra sus fuegos de altura,
señal de fuego para navegantes sin rumbo,
signo de interrogación para los que tienen la respuesta...

Esta llama de vientre gris claro
-a frías lontananzas agita la lengua de su afán,

hacia altitudes cada vez más puras arquea el cuello-
una serpiente erguida de impaciencia:
esta señal la he colocado delante de mí.

Mi propia alma es esta llama,
insaciable de nuevas lontananzas,
a lo alto, a lo alto se aviva su silencioso ardor.
¿Por qué huyó Zaratustra de animales y hombres?
¿Por qué escapó súbitamente de toda tierra firme?
Ya conoce seis soledades,
pero el mismo mar no le era bastante solitario,
la isla lo dejó ascender, sobre la montaña se volvió llama;
hacia una séptima soledad
arroja ahora venteando el anzuelo por encima de su cabeza.
¡Navegantes sin rumbo! ¡Restos de viejas estrellas!
¡Vosotros, mares del futuro! ¡Cielos inexplorados!
Hacia todo solitario arrojo ahora el anzuelo:
¡dad respuesta a la impaciencia de la llama,
coged para mí, pescador de altas montañas,
mi séptima postrera soledad!

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