Un espacio donde el recuerdo se hace consciente, donde el pasado, presente y futuro entran en conjunción y la estulticia es la amante de la razón.

jueves, 17 de noviembre de 2011

De la traición

“Más traiciones se cometen por debilidad que por
un propósito firme de hacer traición.”

- François de la Rochefoucauld

Recuerdo que hace muchos años, una de mis primeras entradas en el mundo de mis catarsis nocturnas fue concerniendo a la traición. Seguramente algunos la recordaran. Hoy, inspirado por la contracorrespondencia frecuente con una amiga a quien atesoro, y a sus inspiradoras preguntas, les entrego una breve definición personal acerca del pecado Dantesco por excelencia.

Si pudieses definir la Traición en una sola frase, o resumirla en una sola imagen, nombre, color, lo que sea, todo vale, qué escogerías para representarla en su significado más pleno y complejo?”

“Ahhh Traición, el más pérfido pecado de la divina comedia, y a cuyos ejecutores se les reserva el último y más tenebroso de los infiernos. Creo que la mejor encarnación para representar esta decisión está en el concepto del “olvido”. Asimismo, la imagino como una mujer muy bien vestida y llena de riqueza, pero triste, miserable y desesperada, intentando cegar los ojos atentos de la Diosa Mnemosine. Para que exista traición se necesita un compromiso o vínculo que convierta cierto acuerdo implícito o explícito en algo valioso, y necesita también de un sentimiento o debilidad para que la impulse, ya sea la estupidez, la codicia o el miedo.

No obstante, invariablemente a las razones de su génesis, el olvido es el oscuro catalizador que siempre ensombrece aquella gratitud, acuerdo, confianza y a su vez sepulta fuera de la consciencia el valor de la otra persona; lo fulmina, lo niega, lo desconsidera, lo despoja. Es un acto de suma cobardía y escasa inteligencia, y que acuchilla el propio recuerdo y una propia parte de la existencia personal ante el miedo de ser responsable, coherente y reciproco. Es poner un manto oscuro sobre la propia consciencia, que para desgracia del traidor pocas veces es efectivo al consumirse sobre esa llama… y que en no pocas ocasiones desemboca en finales bien conocidos como el de aquel que se colgó en un árbol con una bolsa de 30 monedas de plata, en la perene parálisis del noveno círculo del infierno o el de aquel que se encuentra entre mares de néctar y ambrosia sin poder gustarlos.”

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